Desplazados por la dana enfrentan dificultades en el acceso a información y a viviendas de alquiler al mencionar a sus hijos

Eunice y su marido, que intentan rehacer su vida alojados por Casa Caridad, creen que "el optimismo es una decisión" y verán "días mejores"

Vehículos acumulados tras el paso de la DANA | Rober Solsona / Europa Press
Vehículos acumulados tras el paso de la DANA | Rober Solsona / Europa Press
  1. La dana y su impacto en una familia valenciana
  2. Una vivienda temporal que brinda esperanza
  3. Dificultades del mercado de alquiler
  4. El compromiso de Casa Caridad

La dana y su impacto en una familia valenciana

Eunice Espinoza, junto a su esposo y tres hijos —entre ellos un bebé recién nacido— residían en un piso de alquiler en una planta baja del barrio de La Torre, en València. La noche del 29 de octubre de 2024, una fuerte tormenta provocó una inundación que hizo entrar un metro cuarenta centímetros de agua en su domicilio, causando daños irreparables en el interior.

Como consecuencia de esta catástrofe, perdieron sus muebles y el trabajo de su marido, ya que la obra donde él laboraba también sufrió inundaciones. Esta situación les obligó a abandonar el alquiler que mantenían, encontrándose con la imposibilidad de encontrar otro hogar en condiciones similares. Desde entonces, la familia ha tenido que instalarse en una vivienda facilitada por Casa Caridad, a la espera de "días mejores".

En los momentos iniciales de la inundación, contactaron con la policía para solicitar ayuda al estar la casa completamente anegada. Por recomendación, se les trasladó a la residencia Orpea, donde permanecieron varios días. Eunice, en una entrevista concedida a Europa Press con motivo del primer aniversario de estas inundaciones, detalló estas circunstancias.

Eunice añadió que en aquel momento ella no trabajaba debido a que acababa de dar a luz a su hijo. El propietario del inmueble donde habían vivido durante tres años les exigió el pago del alquiler correspondiente a noviembre, a pesar de que "literalmente estábamos sin nada, sin un centavo" para asumir el gasto. Ante su imposibilidad, el arrendador cambió la cerradura, dejándoles sin acceso a la vivienda y a las pocas pertenencias que habían sobrevivido.

El arrendador, según Eunice, es una persona particular y nunca existió un contrato formal de alquiler. Ella interpreta que la urgencia del propietario por desalojarlos respondía a que quería beneficiarse de las ayudas derivadas de la dana, simulando que la vivienda le pertenecía en exclusividad. "Él necesitaba el dinero del alquiler y dijo que la dana no era su problema y que nuestra obligación era pagar el alquiler y punto", resumió.

La familia había amueblado la casa por completo con sus propios recursos, ya que inicialmente se la entregaron con solo la vitrocerámica y el inodoro instalados. Todo el mobiliario, desde la cocina hasta las habitaciones, se perdió con la inundación, lamentó Eunice.

Una vivienda temporal que brinda esperanza

Durante su estancia en Orpea, recibieron una oferta de vivienda temporal por parte del Ayuntamiento. "Una chica del Ayuntamiento se acercó y me dijo ‘hay una vivienda que les pueden dejar un tiempo’", relató Eunice. El 4 de noviembre conocieron Proyecto Fénix, un programa de Casa Caridad dedicado al alojamiento temporal, que les proporcionó un lugar para residir mientras buscan una solución definitiva.

Para esta familia, el acceso a una vivienda gracias al apoyo de esta organización social supuso "como el arco iris después de la tormenta". A pesar de ello, han atravesado momentos difíciles y llenos de incertidumbre, especialmente para los niños que han tenido que adaptarse a un nuevo colegio y hogar. Eunice reconoció el impacto emocional y la inestabilidad generada: "Mucho trauma y mucho miedo".

Dentro del alojamiento proporcionado por Casa Caridad, contaron con mobiliario y una cuna para el bebé. Además, la entidad les ayudó a tramitar la renta valenciana de inclusión, un subsidio que dejaron de recibir recientemente tras la reincorporación laboral del marido.

Dificultades del mercado de alquiler

El acceso a una vivienda privada fuera del programa social ha resultado imposible para esta familia debido a las elevadas exigencias económicas y la discriminación en el mercado. "No había manera; con niños menos. En cuanto mencionabas que había niños, de una ni siquiera te daban información, es ‘no’ y ya está’", explicó Eunice.

El nivel salarial requerido para acceder a un alquiler digno es elevado, ya que piden nóminas superiores a 3.000 euros para poder alquilar una vivienda de al menos dos habitaciones, la mínima necesidad de la familia. Antes de la dana, ya les había sido complicado encontrar una casa debido a la situación del mercado que, tras la inundación, empeoró aún más.

Con motivo del aniversario de las inundaciones, Eunice expresó el deseo de que tanto ella como su esposo consigan empleos que les permitan alcanzar mayor estabilidad y así poder alquilar una vivienda. Aunque el marido ha encontrado una oportunidad laboral, Eunice enfrenta mayores retos derivados de la conciliación y las necesidades de sus hijos pequeños, especialmente por las posibles ausencias relacionadas con la guardería.

Ante esta situación, la mujer se muestra positiva y afirma que "ser optimista es una decisión; nada pasa porque sí". Comparte un mensaje esperanzador: "Si sientes que lo estás perdiendo todo, recuerda: los árboles pierden sus hojas cada año y todavía se mantienen de pie, esperando que lleguen días mejores".

Eunice también comparte un versículo bíblico que la acompaña en estos momentos difíciles: "Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan". Recuerda cómo, hace seis años, llegó a España con su pareja sin nada más que una maleta y con esfuerzo lograron construir un hogar. Ahora, a pesar de las adversidades, confía en que "podemos hacerlo ahora también de nuevo, con la ventaja que ahora tenemos una residencia y la mano amiga de Casa Caridad, Proyecto Fénix".

El compromiso de Casa Caridad

Casa Caridad ha señalado que fueron "testigos directos del impacto devastador que la pérdida de vivienda tuvo en cientos de familias tras la dana". Más allá de los daños materiales, detallaron que muchas personas, incluyendo menores, vieron arrebatado su hogar, un espacio que representa seguridad. Aun un año después, el acceso a una vivienda digna continua siendo un desafío para muchas de estas familias.

La organización describe el mercado de alquiler como "un laberinto inalcanzable", marcado por precios elevados, requisitos difíciles de cumplir y una escasa oferta. Este escenario ha dejado fuera a quienes ya vivían en condiciones precarias.

Casa Caridad advierte que muchas familias siguen enfrentando situaciones complicadas: con menores alojados en habitaciones compartidas con desconocidos, hogares fragmentados para poder asegurar un techo, o personas que regresan con familiares con los que mantienen poco contacto. Otros permanecen en recursos temporales sin certezas sobre su futuro habitacional. La entidad habilitó 12 viviendas en Torrent para atender a quienes resultaron afectados.

Pasado un año, algunas familias han logrado avanzar hacia alternativas habitacionales estables, ya sea mediante alquileres gestionados con mediación o con la rehabilitación de viviendas propias o familiares. La entidad subraya que continúa acompañándolas en el proceso, reafirmando su compromiso con la inserción social y la dignidad de cada persona.